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7 decálogos de escritores

decálogos de escritores Magazín literario

Decálogo» es una palabra que proviene del griego. Se conforma por «deka» (diez) y «logos» (palabra). El sustantivo «decálogo» refiere los diez mandamientos de Dios en la religión cristiana, y a un conjunto de normas o consejos que se consideran indispensables para alguna actividad. Este conjunto no debe ser necesariamente de diez.

En la literatura, los escritores redactan decálogos con dos funciones:

  • 1) Dar consejos sobre el oficio de escribir.
  • 2) Hacer literatura.

¿Hacer literatura? Sí, porque algunos decálogos son también piezas literarias: están redactados con la intención de generar un efecto artístico; no son una mera exposición de normas.

A continuación, presentamos 7 decálogos de importantes escritores. Algunos de estos decálogos son bastante famosos; otros, quizá, será la primera vez que los leas.

Decálogo del perfecto cuentista: Horacio Quiroga

Tomada de Infobae.

I

Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II

Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III

Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV

Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI

Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «Desde el río soplaba el viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII

No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX

No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

X

No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Decálogo para cuentistas: Julio Ramón Ribeyro

Tomada de Lee Por Gusto.

I

El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.

II

La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real.

III

El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.

IV

La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento.

V

El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.

VI

El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.

VII

El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.

VIII

El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.

IX

En el cuento no deben [sic] haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.

X

El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

Dodecálogo de un cuentista: Andrés Neuman

Tomada de La Hora.

I

Contar un cuento es saber guardar un secreto.

II

Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.

III

El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.

IV

En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.

V

Los personajes no se presentan: actúan.

VI

La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.

VII

El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.

VIII

La voz del narrador tiene tanta importancia que no siempre conviene que se escuche.

IX

Corregir: reducir.

X

El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.

XI

En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.

XII

Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.

Nuevo dodecálogo de un cuentista: Andrés Neuman

Tomada de Uniba.

I

Si no emociona, no cuenta.

II

La brevedad no es un fenómeno de escalas. La brevedad requiere sus propias estructuras.

III

En la extraña casa del cuento los detalles son los pilares y el asunto principal, el tejado.

IV

Lo bello ha de ser preciso como lo preciso ha de ser bello. Adjetivos: semillas del cuentista.

V

Unidad de efecto no significa que todos los elementos del relato deban converger en el mismo punto. Distraer: organizar la atención.

VI

Anillo afortunado: a quien escribe cuentos le ocurren cosas, a quien le ocurren cosas escribe cuentos.

VII

Los personajes aparecen en el cuento como por casualidad, pasan de largo y siguen viviendo.

VIII

Nada más trivial, narrativamente hablando, que un diálogo demasiado trascendente.

IX

Los buenos argumentos jamás pierden el tiempo argumentando.

X

Adentrarse en lo exterior. Las descripciones no son desvíos, sino atajos.

XI

Un cuento sabe cuándo finaliza y se encarga de manifestarlo. Suele terminar antes, mucho antes que la vanidad del narrador.

XII

Un decálogo no es ejemplar ni necesariamente transferible. Un dodecálogo, muchísimo menos.

Decálogo del escritor: Augusto Monterroso

Tomada de Literal.

I


Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

II


No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

III


En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: «En literatura no hay nada escrito».

IV


Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

V


Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

VI


Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

VII


No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

VIII


Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

IX


Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

X


Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

XI


No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

XII


Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

(En la publicación original, Monterroso da la opción de descartar dos).

Decálogo de Margaret Atwood

I

Lleva un lápiz con el que escribir en los aviones. Los bolis gotean. Pero si el lápiz se rompe, no puedes sacarle punta en el avión, porque no puedes llevar cuchillos contigo. Por tanto: lleva dos lápices.

II

Si ambos lápices se rompen, puedes hacer un afilado bruto con una lima de uñas de metal o de cristal.

III

Lleva algo sobre lo que escribir. El papel va bien. En un aprieto, trozos de madera o tu brazo servirán.

IV

Si estás usando un ordenador, siempre protege el texto nuevo con un pen drive.

V

Haz ejercicios para la espalda. El dolor distrae.

VI

Mantén la atención del lector (es más fácil que esto funcione mejor si puedes mantener la tuya propia). Pero no sabes quién es el lector, así que es como disparar a los peces con un tirachinas en la oscuridad. Lo que les fascina a unos aburrirá completamente a otros.

VII

Seguramente necesites un diccionario de sinónimos, un libro elemental de gramática y una sujeción a la realidad. Esto último significa: nada es gratis. Escribir es trabajo. También es apostar. No necesitas un plan de pensiones. Otra gente te puede ayudar un poco, pero esencialmente estás por tu cuenta. Nadie te obliga a hacerlo: tú lo elegiste, así que no te quejes.

VIII

Nunca puedes leer tu propio libro con la expectación inocente que tienes con esa primera página deliciosa de un libro nuevo, porque tú la has escrito. Has estado entre bastidores. Has visto cómo los conejos fueron introducidos en el sombrero. Por tanto, pregunta a uno o dos amigos lectores para que le echen un vistazo antes de dárselo a nadie del negocio editorial. Este amigo no debe ser alguien con quien tengas una relación romántica, a no ser que quieras romper.

IX

No te sientes en mitad de un bosque. Si estás perdido en la trama o bloqueado, desanda lo andado hasta donde te desviaste. Entonces coge otro camino y/o cambia la persona. Cambia el tiempo verbal. Cambia la primera página.

X

Rezar puede funcionar. O leer otra cosa. O una visualización constante del Santo Grial, que es la versión acabada y publicada de tu resplandeciente libro.

Decálogo de Zadie Smith

Tomada de El Tiempo.

I

Mientras seas pequeño, asegúrate de leer muchos libros. Dedica más tiempo a la lectura que a cualquier otra actividad.

II

De adulto, intenta leer tu propio trabajo como lo leería un extraño. O mejor aún, como lo leería un enemigo.

III

No rodees de romanticismo tu «vocación». O eres capaz de escribir buenas frases, o no. No existe eso del «estilo de vida del escritor», lo único que importa es lo que dejas en la página.

IV

Evita tus debilidades. Pero hazlo sin decirte a ti mismo que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No disfraces tu falta de confianza en ti mismo de desprecio.

V

Deja que pase un tiempo aceptable entre el proceso de escritura y el de edición.

VI

Evita las camarillas, las pandillas y los grupos. La presencia de la manada no hará que mejores como escritor.

VII

Trabaja en un ordenador que no tenga conexión a Internet.

VIII

Protege el tiempo y el espacio que dedicas a escribir. Mantén a todo el mundo lejos de tu espacio de trabajo, incluso a aquellas personas que son más importantes para ti.

IX

No confundas premios con logros.

X

Di la verdad. A través de cualquier forma en la que se te revele, pero dila. Resígnate a la eterna tristeza que proviene de nunca quedar satisfecho.

¿Algún escritor de este magazín literario aplica alguno de los anteriores decálogos? Si quieres comprobarlo:

1) Las 12 velas.

2) Once minicuentos absurdos.

3) Gato.

4) El rostro en la pantalla.

5) Si si kumbale.


Imagen de cabecera: tomada de Pixabay.


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